LA VENGANZA DE LA MANZANA ...
La querida y siempre presente, a pesar de la lejanía entre países de residencia, Alicia Partnoy, ex detenida desaparecida, escribió con este título el siguiente texto. Su contenido y contundencia hace que necesariamente sea el título de este blog.
"Me arrojaron como piedra, yuyo, yerba mala; separada, la manzana podrida, subversiva.
Pero ahora fermentan las manzanas restantes, es decir, vienen fermentando desde antes de que a mi me sacaran del cajon.
Pero ahora, caterva de milicos y oligarcas, preparense para morir borrachos, empachados, incurablemente intoxicados, sumergidos hasta las orejas en el dulce jugo de la Gran Sidra Nacional"
"Me arrojaron como piedra, yuyo, yerba mala; separada, la manzana podrida, subversiva.
Pero ahora fermentan las manzanas restantes, es decir, vienen fermentando desde antes de que a mi me sacaran del cajon.
Pero ahora, caterva de milicos y oligarcas, preparense para morir borrachos, empachados, incurablemente intoxicados, sumergidos hasta las orejas en el dulce jugo de la Gran Sidra Nacional"
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Datos personales

- Chiquito
- Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina
- Ex Detenido Desaparecido - Familiar de Asesinados por la Dictadura - Militante de DDHH - Secretario General Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Bahía Blanca - Programa Fortalecimiento Institucional 2009/2011- Responsable del Centro de Referencia de Bahía Blanca de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas
lunes, 11 de enero de 2010
LA AMADA DE LOS MALQUERIDOS ...
Por Eduardo Galeano
(EG/1952 - 26 de julio - 2008 )
¡Viva el cáncer!, escribió alguna mano enemiga en un muro de Buenos Aires. La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta, o a lo sumo para actriz de melodramas baratos. Evita se había salido de su lugar. La querían, la quieren los malqueridos; por su boca ellos decían y maldecían. Además Evita era el hada rubia que abrazaba al leproso y al haraposo y daba paz al desesperado, el incesante manantial que prodigaba empleos y colchones, zapatos y máquinas de coser, dentaduras postizas, ajuares de novia. Los míseros recibían estas caridades desde al lado, no desde arriba, aunque Evita luciera joyas despampanantes y en pleno verano ostentara abrigos de visón. No es que le perdonaran el lujo: se lo celebraban. No se sentía el pueblo humillado sino vengado por sus atavíos de reina. Ante el cuerpo de Evita, rodeado de claveles blancos desfila el pueblo llorando. Día tras día, noche tras noche, la hilera de antorchas: una caravana de dos semanas de largo. Suspiran aliviados los usureros, los mercaderes, los señores de la tierra.
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